
Vivimos los días más cortos de todo el año. El sol recorre el cielo como sin ganas... apenas nos saluda por la mañana y ya está despidiéndose hasta mañana...
Los robles ya casi no tienen hojas. Las pocas que quedan tienen un color apagado, pero capaz de brillar con los tímidos rayos de un sol que casi no tiene fuerzas para levantarse en el cielo y vaga durante todo el día cerca del horizonte.
Entre los sutiles y débiles colores de los cardos, de los caminos llenos de hojas, las hojas del acebo brillan arropando el rojo intenso de sus frutos.
El bosque se llena de magia, de misterio, de silencio, de calma... y pronto, muy pronto, la noche y el frío nos recogen en torno a la lumbre en donde nuestros corazones llenos de nostalgia de luz y añoranza de calor se desparraman en cuentos, en pensamientos, en sensaciones, en necesidad de compañía que alivie tanta soledad...
Será esto la Navidad? Será una añoranza de estar juntos, alrededor del fuego, contándonos cuentos, echando a volar nuestra imaginación, acompañándonos unos a otros...