sábado 21 de enero de 2012

A veces centenario y otras milenario


Fe en la eternidad
Hace dos años que vive con nosotros este pequeño tejo. Más pequeño aún era cuando en un tiesto lo trajo a La Behetría Jonetxu. Hoy, por fin, con luna menguante y festividad de Santa Inés, lo hemos trasplantado, creando para él un pequeño entorno en el que esperamos que pueda sobrevivirnos a nosotros durante cientos de años. Cuenta la leyenda que a Santa Inés, mártir romana, le crecieron milagrosamente los cabellos para poder cubrir su desnudez con un sedoso vestido cuando era conducida hacia la hoguera. Quizá hoy, día 21 de enero, en el que se conmemora a esta santa, sea un día propicio para que crezcan las ramas de este pequeño tejo como lo hicieron los cabellos de Santa Inés.

El tejo es un árbol de hoja perenne del que se dice que todo es venenoso menos el fruto. Al no ser venenoso el fruto, diversos tipos de aves lo engullen. En sus pequeños estómagos transportan las semillas que posteriormente dispersarán por el monte para que nuevos ejemplares renueven cada año la escasa población de estos árboles de lento crecimiento, pero de larga, a veces larguísima vida.

En el Valle de Manzanedo existen algunos, muy escasos, ejemplares de bellísimos tejos, pero el bosque más espectacular de tejos que nunca hemos visto se encuentra en Valdivielso. Cerca de Panizares, ascendiendo por las laderas de la Tesla se puede llegar hasta un gran bosque de tejos en los que algunos ejemplares superan ampliamente los mil años de edad.

Amplia información sobre el tejo en Árboles con alma

Poemas y relatos del, por, para... el Tejo